viernes, 30 de noviembre de 2012

La guerra en la Antigüedad como agente democratizador


 Mientras completaba mi formación académica universitaria escuché una sentencia demoledora: “La guerra en la Antigua Grecia fue un agente democratizador”. Todos aquellos que nos encontrábamos escuchando al orador quedamos en silencio asimilando aquellas palabras que, aunque por sí mismas no encierran ninguna complejidad, la idea que subyace tras ellas exige una correcta interpretación.

Con el siguiente escrito no pretendo hacer una oda a la guerra, ni cantar alabanzas a sus magnificencias o miserias ni enarbolar la bandera del militarismo. Sin embargo, creo de vital importancia conocer, precisamente hoy día más que nunca, el proceso que llevó a la civilización griega en general, y a la pólis de Atenas en particular, a “inventar” el concepto de δημοκρατία (demokratia, democracia).

La primera pregunta que debemos plantearnos es obvia. ¿Qué es democracia? Etimológicamente proviene de la unión de otras dos palabras. Éstas son δῆμος (demos, pueblo) y κράτος (kratos, poder). Juntos dan lugar a un parto y nace un nuevo concepto que se convertirá en una nueva realidad. La demokratia es el poder (kratos) que tiene, y por tanto ejerce, el pueblo (demos). Pero no es tan simple. Para ello hay que definir en que consiste el demos y en que marco político se enmarca dicho kratos.

Como ya apunté en otra ocasión en este mismo sitio (rutas y lides hispanas), uno de los pilares fundamentales en donde se sostiene la identidad del pueblo griego es la πόλις (pólis, la ciudad) que evoca a la patria y a la vida en comunidad del Hombre como individuo. Aristóteles creó la alocución “el hombre es un animal político”. El Hombre es político porque vive en una pólis; es político porque vive en comunidad; es político porque es libre y como es libre dedica sus esfuerzos al cultivo del cuerpo y del alma. Y el cultivo del alma no puede tener otra motivación que alcanzar el αρετή (areté, la excelencia) que le permita a él y a sus iguales (todos los miembros de la pólis) disfrutar de todas las virtudes que el λóγος (logos, la palabra, la razón), les pueda proporcionar. ¿Y qué significa ser miembro de una pólis? Nada más y nada menos que “sometimiento”. Sometimiento a la ley de la ciudad, a la ley común, en definitiva, a la ley de la comunidad hecha por y para ellos. El hombre griego de la Antigüedad no podía concebirse así mismo alejado del marco de la comunidad, la cual representaba a su patria. Todos son ciudadanos y las leyes de todos se realizan para que todos se sometan a ellas. Se realizan entre todos y como un todo, no se quiere el mal para sí mismo. Sin el logos se llega a la ὕϐρις (hybris, el exceso). La hybris es el orgullo, la arrogancia, el individualismo que pisotea a sus iguales. Es aquello que aparece cuando un hombre bebe vino sin mezclar con agua como lo haría un bárbaro; es cuando desobedece la ley; y sobre todo, es cuando rompe la unidad en la formación hoplítica, la institución ciudadano-militar que garantiza la libertad de la pólis frente a cualquier amenaza externa.

Y he aquí, en el marco de la ciudad-estado, que reaparece un fenómeno histórico imperecedero, la guerra. Sin embargo, la guerra en la sociedad griega antigua va a ser protagonista de los mayores logros de este pueblo como civilización. Todos son Ἕλληνες (helenos, griegos), de eso no hay duda; ellos no tienen dudas. Por ello, por ser helenos, son hombres, poseen los mismos dioses y hablan una lengua común. Pero la rivalidad es perenne, y la lucha entre las distintas pólis es algo habitual. Se podría hablar del carácter guerrero de los pueblos indoeuropeos, pero ese es una cuestión a debate en la que no profundizaré aquí.

Me centraré en los protagonistas de la pólis, los πολίτης (polítes, ciudadanos). Sin extenderme demasiado, los antecedentes de la pólis griega la encontramos en el llamado οἶκος (oikos, casa). Pero aún nos encontramos en la época de los héroes, en la época que se encuentra a caballo entre la Edad Oscura griega y la Época Arcaica en el s.VIII a. C.; una época que Homero refleja para nosotros en la Ἰλιάς (Ilíada) y la Ὀδύσσεια (Odisea). Se trata de la Edad de los Héroes (cómo se referirá a ella Hesíodo en su clasificación de las edades del hombre), cuando los hombres eran héroes y estaban próximos a los dioses, pero pecaban de hybris, de individualismo, buscaban la fama en el combate singular, y Grecia estaba regida por pequeños reyezuelos que mantenían una economía domestica autosuficiente en el marco del oikos. Cuando asistimos al renacer, o más bien, al nacimiento de la cultura griega propiamente dicha, ésta gira en torno a la nueva realidad de la pólis. La evolución política de las distintas ciudades-estado, y en especial Atenas, va encaminada a un sistema de gobierno que culminará en la demokratia con Pericles (s. V. a. C.). Atendiendo a una simplificación rápida, en la organización social de la pólis ateniense podíamos encontrar a los πολίτης (polítes, ciudadanos), a los μετοίκος (metecos, no ciudadanos y, por ende, extranjeros) y también a los δοῦλος (doulios, esclavos).

Dentro de los polítes encontramos, en origen, diferencias en el acceso al poder político, el cual se encontraba restringido por distribuciones censitarias. Los ὁπλίτης (hoplitas, los ciudadanos-soldado) eran aquellos ciudadanos que podían costearse el equipamiento militar, participaban de la guerra y adquirían responsabilidades políticas. En el marco del oikos el protagonismo recae en el ἄριστο (aristos, el mejor; la aristocracia), y la épica se cultiva para ensalzar dichos valores. Con el protagonismo del ciudadano-soldado en la pólis el poder de la aristocracia se ve desplazado. Pero aún así, dentro de los ciudadanos las diferencias económicas siguen delimitando quien puede defender a la patria y por ende el acceso político en la misma. Sin embargo, las exigencias militares eran cada vez mayores. Al mismo tiempo se asisten a varias reformas, como por ejemplo el sistema timocrático instaurado por Solón. Pero será Clístenes quien establezca como principio básico la ἰσονομία (isonomía, igualdad de todos los ciudadanos ante la ley). La isonomía menospreciaba los derechos en virtud de la herencia familiar (aristocracia) o de la riqueza (timocracia) y realiza una división administrativa del territorio ateniense basada con criterios de vecindad en lugar de con criterios de parentesco. Surge así el δeμος (demos, pueblo). El concepto de pueblo sólo puede aparecer cuando se establecen los criterios de igualdad, la isonomía. También se instituyó el  ἐξοστρακίζω (ostracismo, destierro político).

Como acabamos de ver, demos surge como una unidad administrativa. Pero continuaré hablando de los polítes. Existía una última clase de ciudadanos, que si bien eran iguales ante la ley por el principio de isonomía, dependían de un trabajo asalariado para subsistir y estaban alejados de las magistraturas, aunque no pagaban impuestos y podían concurrir a las asambleas, votar leyes, etc. Se trata del θῆτες (tetes, el que trabaja por un sueldo). Los tetes integraban el grueso de la flota de guerra ateniense, donde servían como remeros, por lo que llegarán a tener un peso decisivo en la futura demokratia. También servían en la infantería como tropas auxiliares porque no podían costearse el equipo de un hoplita. Pero su compromiso para con la polis era incuestionable ya que eran polítes atenienses.

Tras la victoria griega sobre los persas en las Guerras Médicas, Atenas se convierte en la abanderada de la Grecia libre del yugo oriental, libre de la barbarie. Encabeza la de la Liga de Delos, y en gran medida su poderío militar se sustenta en su hegemonía en el mar, donde los tetes participan como remeros. Así bien, el protagonismo de los tetes es cada vez mayor en el ejército ateniense, y finalmente, el propio peso de su participación en la guerra es recompensado con responsabilidades políticas.

Con Pericles se establece la demokratia, donde mediante elección por sorteo se repartía el trabajo de la administración entre toda la ciudadanía, que estaban distribuidos en las circunscripciones administrativas del demos. Alrededor de unos cien tipos de cargos, de un total de un millar, eran, sin embargo, electos mediante votación, como podían ser el στρατηγός (strategos, general).

Al estallar la guerra contra Esparta (Guerra del Peloponeso), los tetes son uno de los grandes protagonistas de la contienda. La demokratia no nació de la noche a la mañana. No tuvieron que esperar a que naciera Pericles y entonces todos fueron iguales. Existe un largo proceso de conquista de los polítes.

Se había culminado un camino iniciado varios siglos antes. El compromiso de armas del individuo por la pólis, iniciado con el hoplita, madura con la idea de la isonomía y alcanza su plenitud con la participación de los tetes y la instauración de la demokratia en el s.V a.C., donde se confiere a todos los ciudadanos, a todos los polítes, responsabilidades políticas que son las propias del hombre libre.

En Esparta también se establece un modelo de igualdad entre los ὅμοιοι (homoioi, los iguales), los ciudadanos de pleno derecho en Esparta, una sociedad militarizada, también llamados espartiatas. Éstos realizaban grandes banquetes comunitarios y participaban de un igualitarismo radical en el reparto de bienes. Tenían una vida comunitaria muy arraigada, donde el espartiata que no podía costearse participar en ella era expulsado. Este tipo de endogamia social promovió la degeneración del hoplita espartiata, y aunque fueron capaces de vencer a Atenas en la Guerras del Peloponeso, no conservaron el poder por mucho tiempo.

La “democracia” liberal burguesa nos presenta las conquistas sociales conseguidas en la actualidad como algo que siempre estuvo intrínseco en su sistema bienfamado democrático. O en su defecto, que costaron muy poco lograrse por el propio, una vez más, carácter “democrático” del burgués, claramente con una actitud paternalista repugnante.

Son muchas las voces que se alzan descontentas por el actual sistema “democrático” liberal y burgués, en pos de una verdadera democracia. Entre esas voces se encuentran la mía, ansío demokratia. Mientras que los que se sustentan en el poder se afanan en asegurar que sólo el actual ordenamiento de la sociedad es aquel que puede ser llamado democracia, otros ensalzan este nombre camuflando en él oscuros intereses de clase en los cuales se enmascara la llamada “dictadura del proletariado”, modelo caduco y derrotado por la vía del agotamiento por el enemigo capitalista. Cabe recordar que, si bien los llamados “modelos fascistas” del período de entreguerras podían verse conducidos hacia el fracaso por su alta dependencia de las instituciones burguesas, en la práctica fueron derrotados por la vía de las armas, tanto de capitalistas como de comunistas.


Nuevos revisionismos, alentados por la agitación social que vivimos, han vuelto también su mirada atrás y llaman a demokratia “democracia radical”. ¿Radical, por qué? No somos amigos de apellidos y no queremos buscar nuevos significados a antiguos nombres. O creemos en su significado original o creamos una nueva realidad con su correspondiente nuevo nombre.

Cuando alguien pregunta si creo en la democracia, si soy demócrata, con toda honestidad y convicción puedo contestar: ¡Sí, creo en la demokratia! Debemos ser sus nuevos artífices, constructores del poder del pueblo, de la comunidad comprometida con todos y cada uno de sus miembros, no como una sociedad donde el individualismo es negado a favor a la fuerza del número, de la masa, sino como una sociedad donde el bienestar y el malestar de la comunidad radica en cada uno de nosotros que participamos directamente en ella.

Si hace falta guerra para que volvamos a “inventar” la demokratia, habrá guerra. Ansiamos la guerra, porque se nos priva de nuestra libertad. Ansiamos ser de nuevo ciudadanos-soldado, porque no existe demokratia. Somos los nuevos desamparados, el eje vertebral sobre el que articularemos el nuevo modelo de sociedad. Y no importa que el enemigo sea externo o se encuentre en nuestras propias filas. Será aniquilado. Erradicado.

Pero tened esto en cuenta, no creemos en la lucha de clases. Aún confiriendo a las estructuras económicas su justo papel en los procesos históricos, no podemos creer que un concepto, una categoría, que surge a raíz del nacimiento del sistema capitalista de hace unas centurias, sea el motor histórico de los anteriores milenios de Historia. Por tanto, nuestra guerra actual no es contra de aquel individuo que se sitúa en una u otra clase social, sino que es una guerra contra el sistema que produce dichas categorías y mantiene y justifica dichas desigualdades.


Jonsista (@JONS1931)



¡Libertad para Palestina!

Con 183 votos a favor, 41 abstenciones y la oposición de nueve países (Israel, EE.UU., Panamá, Canadá, República Checa, Islas Marshall, Micronesia, Nauru y Palao), quedaba aprobada la entrada de Palestina como Estado observador en la ONU. Huelga decir que no representa para nosotros la ONU garantías de casi ninguna clase, pero confiamos en que éste sea el primer paso para que en un futuro no demasiado lejano el pueblo palestino vea colmadas sus aspiraciones de tener un Estado propio libre de los feroces ataques sionistas de los que es objeto tan frecuentemente.

¡Viva Palestina Libre!





miércoles, 28 de noviembre de 2012

Con nuestros ganaderos

Ayer se producía en Galicia la primera jornada de huelga en el sector lechero. Con un éxito notable en cuanto a repercusión mediática se refiere, la protesta convocada por los sindicatos Unións Agrarias, Xóvenes Agricultores y Sindicato Labrego Galego pone de manifiesto la agónica situación de los ganaderos de vacuno de leche que ven cómo se tiran los precios de venta al consumidor mientras que sólo obtienen pérdidas como recompensa a la producción. 

Mientras los supermercados bajan los precios hasta cotas irrisorias y los (excesivos) intermediarios obtienen pingües beneficios, los productores se ven obligados a ver cómo el dinero recibido por la leche que venden no cubre ni tan siquiera los costes de la alimentación de las reses y el mantenimiento de la explotación. El equilibrio en la balanza de ganancias se hace imposible cuando decrecen los ingresos que percibe el ganadero a la par que se incrementan los costes que tiene que afrontar a la hora de continuar con su actividad profesional. Abogamos por la capacidad plena de los sindicatos para fijar unos precios mínimos de venta al consumidor de forma que aseguren un adecuado beneficio para los productores, imposibilitando las estrategias de competencia agresiva entre vendedores que tanto perjudican a aquéllos. Asimismo, creemos necesario para el correcto funcionamiento de la economía agropecuaria que han de limitarse considerablemente el número de intermediarios en la cadena de venta, siendo el modelo más deseable la cooperativa de ganaderos y agricultores, con total libertad para fijar tarifas y posibilidad de vender directamente el producto al consumidor. 

El sector ganadero es un punto clave en la economía nacional, pilar básico para el abastecimiento de la población, siendo por esto merecedor de cuantos esfuerzos se precisen para su correcto funcionamiento. La leche, como alimento de primera necesidad, ha de protegerse -con especial atención en origen- como garantía de una base productiva. El ganadero suele ser, por lo general, un trabajador autónomo que dedica todas las jornadas del año de manera completa a su labor profesional, tarea que lejos de ser equiparable a empleos de oficina, requiere de una dedicación absoluta y presenta una dureza considerable que no puede ser asumida por cualquiera. Nos oponemos a que llegue el día en el que España tenga que importar leche desde países como Francia, pues sería repugnante, a la par que paradójico, que llegasen cisternas francesas para abastecer a Santander, Asturias o Galicia. 

Desde Rutas y Lides Hispanas mostramos nuestro más absoluto apoyo a los ganaderos gallegos -como a todos los españoles - ante la complicadísima situación que viven en la actualidad. Respaldamos las medidas de protesta que están llevando a cabo y exigimos al Estado que dé una inmediata solución al problema del campo. Seremos siempre los primeros a la hora de defender la vitalidad de nuestra tierra evitando que caiga en la miseria improductiva.




Marcvs



lunes, 26 de noviembre de 2012

La Iglesia y la burguesía


El cristianismo es una religión de casi dos mil años de antigüedad y en su historia han habido hechos loables y hechos detestables pero sus bases se pueden considerar, en esencia, positivas para la sociedad. Esta religión ha estado atada a nuestra nación durante siglos y se puede decir que la tradición cristiana es uno de los principales rasgos que caracterizan nuestro país. Sin embargo, en los últimos años (y no son ni veinte ni treinta, sino muchos más) ha aparecido en la Iglesia un virus que ya había aparecido en los Gobiernos y que lleva bastante tiempo deteriorando “la casa de Dios”, este virus se llama burguesía.
Es contradictorio pues, ser burgués (liberal y capitalista) y católico ya que la usura burguesa choca frontalmente con el ideario de caridad y pobreza cristiana. Ya lo decía el propio Cristo: “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los cielos”, pero parece que esas palabras a la “burguesía católica y moralista” no le afecta. Es curioso ver como las iglesias, ya desde hace tiempo, están plagadas por señores adinerados y despreocupados, que miran por encima del hombro al mendigo de la puerta del templo, niñatos con ropita de marca que gastan el dinero de sus “papas” en drogas y alcohol y que luego irán a misa los días de precepto y a ver al Papa en la JMJ, gente que acude los Domingos a “escuchar” la palabra de Dios como un mero acto rutinario y sin embargo no se preocupa del prójimo, “peperos” que todavía piensan que el su partido derogará la ley del aborto, sacerdotes que tienen una doble vida… Esto, señores, es la Iglesia católica actual, una de las mayores organizaciones de hipocresía que existen en nuestros tiempos…
Pero esto no es de ahora, esto lleva así muchísimo tiempo y es proporcional a la influencia de “los valores burgueses” en el catolicismo. De hecho, para más INRI, cabe decir que todo lo que critica la burguesía conservadora (laicismo, progresismo, promiscuidad, adicciones…) fue implantado, seguido y creado principalmente por la propia burguesía ociosa, adinerada y despreocupada ya que, los campesinos y los trabajadores, con esas jornadas de sol a sol, no tenían ni tiempo ni dinero para caer en la decadencia a la que la burguesía sí caía…
Así pues, como católico no puedo sentirme orgulloso de una Iglesia que tiene Banco propio y que invierte en Bolsa, de una Iglesia que predica unos valores que luego no cumple, de una Iglesia que organiza visitas del Papa multimillonarias (curioso que la próxima JMJ sea en Río de Janeiro, junto con el Mundial de fútbol y las Olimpiadas, no me dirán que no hay intereses de por medio) y sin embargo no ayuda a los pocos misioneros que se dejan la vida en el tercer mundo. Y de una iglesia que, al compás de la “coreografía progre” que impera en nuestros tiempos, cambia su discurso cada año y se adhiere, y la primera, a lo “políticamente correcto”.
Qué razón tenía Félix Sardá y Salvany cuando dijo aquello de “el liberalismo es pecado”… no pudo estar más acertado, pues se entiende el liberalismo como los “valores de la burguesía”.
Y nosotros, ¿qué podemos hacer ante este espectáculo esperpéntico que representa hoy a nuestra Iglesia? Pues hacer como hizo Cristo, echar a los mercaderes del templo, es decir, echar a la burguesía de la Iglesia.
Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones, pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones”

Jaime Alonso



domingo, 25 de noviembre de 2012

Contra la usura y especulación inmobiliaria


Estas últimas semanas en nuestro país, ha vuelto –por desgracia – a estar en boca de todos nosotros el problema de los desahucios a familias, debido a unos tristísimos suicidios de personas que no podían hacer frente al pago de la hipoteca y que iban a tener que vivir fuera de la que hasta entonces había sido su casa.
Esto nos tiene que llevar a analizar el problema en su raíz. Vivimos en un modelo, el capitalista, donde lo único que prima es el beneficio económico. Por ello, inmobiliarias y bancos sacan un suculento botín al, vender unas viviendas las primeras a un precio muy superior a su valor real, y los otros, al sacar dinero simplemente por hacer un crédito a un interés muy elevado, consecuencia esta de la usura.
Ante ello, un Estado Social debería hacer frente sin titubeos a este problema. Enfrentándose radicalmente –en el sentido original del término – a este problema que nos afecta. La solución puede ser sencilla, aunque para ello deberíamos cambiar el sistema que nos rige. El Estado debe crear una empresa de obras públicas, tanto para infraestructuras, como para edificios de viviendas, ofreciendo un salario digno a aquellos que se empleen en ella. Con ello, el Estado podría dar soluciones al problema de la vivienda de dos formas, tras construir viviendas, o adquiriendo edificios vacios en manos de especuladores, o de empresas ilegítimas que vendían a un precio indecente.
La primera solución es venderlas al precio real. Es decir, si por ejemplo, una vivienda ha costado hacerla, tanto en materiales – por supuesto, de una calidad más que aceptable – como en mano de obra cualificada 15.000 euros, el Estado debe venderlas al mismo precio, asegurando el derecho a la vivienda que recoge nuestra fracasada Constitución.
La segunda es, posiblemente, para las familias más necesitadas de nuestra Nación, es poner a disposición esas viviendas con un alquiler bajísimo, asumibles para todos, y con facilidad de pago, o una forma de pago en propiedad, que permitiese la financiación para todas las familias.
No más reyes de estirpe extranjera,
Ni más hombres sin pan que comer;
El trabajo será para todos
Un Derecho más bien que un Deber.”
Himno de Combate de las J.O.N.S

Pelayo Sevilla